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‘Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta’, libro homenaje al empresario vasco

María Peraita y Gonzalo Arroita: «Si Echevarrieta fuera estadounidense, estaríamos viendo una serie sobre su trayectoria»

  • Entrevista

Fecha de primera publicación: 25/02/2021

Javier Amezaga, María Peraita y Gonzalo Arroita (autores del libro) en las galerías de Punta Begoña, Getxo. Foto: Tere Ormazabal. UPV/EHU.

En 2020 se cumplieron 150 años del nacimiento de Horacio Echevarrieta (1870-1963), una figura con una vida realmente impactante pero inexplicablemente olvidada según María Peraita, Gonzalo Arroita (integrantes de la Cátedra Unesco de Paisajes Culturales y Patrimonio, UPV/EHU) y Javier Amezaga, autores de una obra que reivindica el legado de Echevarrieta y el del empresariado a través de un personaje que generó progreso y riqueza en períodos de guerras, pandemias y crisis económicas. Aunque murió en el olvido, sus logros transformaron el país y le sobrevivieron hasta nuestros días.

150 años, 150 vidas. Aparte de evocar el nacimiento del bilbaíno, el título da cuenta de la personalidad inquieta y polifacética de un hombre cuyo perfil no abunda actualmente, y mucho menos en estos tiempos de incertidumbre. 

María Peraita: Así es. El libro se titula 'Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta' en homenaje a los 150 años de su nacimiento y porque harían falta todas esas vidas para llegar a hacer lo que él logró en apenas dos décadas, en pleno momento de entreguerras, tras la pandemia de la gripe española y con el crac del 29 encima. Lo cierto es que lo hemos visto como un mensaje positivo dentro de este momento que nos está tocando vivir. Un mensaje de alguien que, en esos tiempos, más difíciles que los nuestros, entendió que el progreso pasaba por arriesgar innovando, invirtiendo en investigación y estudios o apostando por la tecnología. Siempre quiso demostrar que el conocimiento y el saber hacer de sus conciudadanos no tenían nada que envidiar al de las potencias extranjeras, y así consiguió que, aunque su figura quedara en el olvido, sus empresas perduren hoy.

“Llama la atención que un personaje que con las debidas cautelas bien pudiera ser comparado con los Howard Hughes o Randolph Hearst que inspiraron a Orson Welles en Ciudadano Kane, sea tan poco conocido entre nosotros y disfrute hoy de una absoluta falta de reconocimiento”. Son palabras de Juan Ignacio Vidarte -director general del Museo Guggenheim Bilbao- en el prólogo del libro, y no parecen exageradas.

María Peraita: Urbanizó la Gran Vía Madrileña, construyó la Transversal del metro de Barcelona, promovió gran parte del crecimiento en el Ensanche bilbaíno, fundó Iberia, sembró el germen de las actuales Iberdrola y Cemex, poseyó explotaciones mineras, prospecciones petrolíferas, navieras, impulsó la industria naval y armamentística desde sus astilleros en Cádiz… pero es que también fue líder político, defensor de las mejoras sociales en el trabajo y promotor de artistas, pensadores y técnicos… Cada capítulo de la vida de este bilbaíno es un titular en sí mismo, y sin embargo, su nombre ha pasado desapercibido al narrar la historia de nuestro País. Estamos convencidos de que, si Horacio Echevarrieta hubiera nacido en Estados Unidos, ahora estaríamos viendo una serie sobre su trayectoria. Ojalá este libro sirva de inspiración a otros proyectos que contribuyan a dar luz a esta increíble historia. 

«Conocer más sobre su vida continúa siendo una de las grandes demandas de quienes visitan el monumento»

Sin duda, la restauración de las galerías de Punta Begoña, situadas bajo la que antaño fuera residencia del empresario en Getxo y que formaban parte de su hogar, ha devuelto a la sociedad el recuerdo de lo que significó su figura tanto para el País Vasco como a nivel estatal. ¿Cuál es la reacción de las personas que visitan el lugar cuando conocen la heterogénea personalidad de Echevarrieta, considerado durante lustros la tercera persona más influyente de España?

María Peraita: El carácter integral del proyecto puesto en marcha para devolver el esplendor a las Galerías Punta Begoña y en el que vienen participando cinco grupos de investigación de la UPV/EHU está sacando a la luz hitos históricos, geológicos, arquitectónicos, químicos… factores más allá de lo esperado, como el yacimiento prehistórico descubierto bajo el jardín, la singularidad geológica del sustrato o el último descubrimiento publicado por nuestras compañeras de IBeA en referencia a la capacidad de los musgos para funcionar como indicadores de contaminación. Sin embargo, nos sigue sorprendiendo que, ante esta excepcionalidad, conocer más sobre la vida de quien promovió la construcción de las galerías continúa siendo una de las grandes demandas de quienes visitan el monumento. Desde luego, el interés ha quedado demostrado por las peticiones que hemos tenido para ampliar la primera edición del libro, que se agotó en apenas dos meses. Probablemente tenga que ver con el carisma que caracterizó a Echevarrieta en vida y que trasciende a ella a través de sus obras, como esta de Punta Begoña, de la que llegó a decir que nunca se desprendería. Y es que un paseo por este enclave de Getxo es capaz de retrotraer a quien lo visita un siglo atrás, a aquel momento en el que Bizkaia se estaba transformando y personalidades como la del empresario se convertían en pieza clave de este desarrollo. 
  
El negocio minero constituyó la base de sus primeras actividades, pero el bilbaíno acabó convirtiéndose en pieza clave en proyectos de ingeniería y urbanismo en diferentes lugares: Bilbao, Barcelona, Madrid o incluso el río Niágara. ¿Todo esto fue fruto de su hiperactividad o de saber relacionarse bien?

Gonzalo Arroita: Lo esencial sin duda fue su visión, su mirada larga y su intuición en base a la observación de los acontecimientos. También su vitalidad y energía eran extraordinarias: aún con 77 años intentó volver a poner en marcha los Astilleros de Cádiz tras el accidente de los torpedos. La selección de personas y de equipos, casi siempre con profesionales destacados del País Vasco, y la buena relación con todos ellos también fue fundamental. Mantuvo buen trato y relación práctica con los dirigentes políticos, aunque probablemente la política y su influencia progresiva le acabaran devorando. El círculo se cierra con su apuesta decida por la comunicación; fue un auténtico pionero, adelantado a su tiempo tanto en fondo como en forma.

Fue amigo de las principales monarquías europeas, pero también Republicano convencido: rechazó el título de Marqués que le ofreció Alfonso XIII y se le recuerda como un patrón revolucionario en la mejora de las condiciones sociales de los trabajadores, hasta el punto de que fue encarcelado por apoyar la revolución minera de Asturias en 1934.

María Peraita: Su faceta política estuvo muy influenciada por su padre, el líder republicano Cosme Echevarrieta, en cuyo recuerdo ayudó en numerosas ocasiones a correligionarios de aquel. Sin embargo, el carácter afable y pragmático de Horacio hizo que con el tiempo la política acabara decepcionándolo y optara por retirarse de ella. En el trascurso, fue diputado en tres ocasiones por la coalición republicano-socialista en Cortes y se encargó de defender los intereses vascos ante el gobierno central. No en vano es de las pocas personas reconocidas por los tres territorios históricos como Vizcaíno esclarecido, Padre de la provincia de Álava y Guipuzcoano honorario y benemérito. Su defensa de los fueros y la ventajosa renovación del concierto económico vasco le hicieron merecedor de grandes homenajes, pero, a pesar de ello, una única necrológica en El Correo Español-El Pueblo Vasco hizo honor a su memoria el día de su fallecimiento.

Parece que tenía muy claro que la paz social era esencial para favorecer la estabilidad económica y viceversa, ya que rescató a cientos de prisioneros de la Guerra de África y salvó vidas en la Guerra Civil española, otros hitos sorprendentes de su biografía. 

Gonzalo Arroita: Durante la Guerra Civil refugió en sus casas de Madrid y Málaga a gente de los dos bandos. Esto daría para otro libro. Por cierto, en los trabajos de documentación hemos encontrado con orgullo que la Delegación del Gobierno Vasco en Madrid durante la guerra, también hizo un gran trabajo humanitario operando como una auténtica embajada.
Arriesgó su vida muchas veces, como en la Guerra de África donde salvó a cientos de soldados, mujeres y niños que resistían en terribles condiciones, sin que el Gobierno español desbloqueara la situación. También mejoró extraordinariamente las condiciones de vida de los mineros, hasta el punto de que los otros patronos le llamaban “empresario esquirol”. Es muy ilustrativo de su visión amplia el que declarara durante las negociaciones: “el obrero sano que trabaja en buenas condiciones, siempre producirá mejor”. 

«Si la filantropía pudiera tener una faceta práctica, entonces estaríamos ante un caso claro»

Mecenas de arquitectos e ingenieros, también apostó fuertemente por el arte. Completó una de las principales colecciones de España y pintores como Arteta, Durrio, Iturrino o Regoyos trabajaron para él. Podría decirse que fue un auténtico filántropo, ¿lo consideráis así?

María Peraita: Si la filantropía pudiera tener una faceta práctica, entonces estaríamos ante un caso claro. Al profundizar en la vida del personaje nos hemos encontrado con un sinfín de acciones de ayuda y apoyo a sus vecinas y conciudadanos en el impulso de sus proyectos. A las historias de mecenazgo artístico se suman las cesiones de construcciones o terrenos en Bilbao para alojar establecimientos en pos de la comunidad, como la Academia Anglo-Francesa de la familia de Maeztu Whitney, el Club Deportivo o el Dispensario Antituberculoso Ledo, entre otros; o ese apoyo a genios como Torres Quevedo para construir el transbordador aéreo sobre el Niágara –que él sufragó junto a otros empresarios bilbaínos y que aún hoy se encuentra en activo–. También apoyó a Unamuno en su exilio y ayudó en la repatriación del cuerpo de Nicolás Salmerón, aunque lo que más nos ha llamado la atención ha sido constatar que, durante los años en los que desde la Cátedra Unesco de Paisajes Culturales y Patrimonio hemos estado recogiendo la memoria de quienes lo conocieron más de cerca, no haya habido un solo comentario negativo. Nos gusta pensar que ello responde a una máxima que defendió y practicó a lo largo de su vida: la de que el bien común deriva en el bien propio. Por eso el libro ha sido concebido como una obra grupal en la que hemos tenido la suerte de contar con la colaboración de quienes mejor conocen su trayectoria, tanto en los prólogos, como en los testimonios.

A finales de 1918 se hizo con el periódico ‘El Liberal de Bilbao’. Se cuenta que el cambio de dueño supuso una modernización radical en el diario, caracterizado desde ese momento por la independencia de sus informaciones. Da la impresión de que en su vida todo -o casi todo- funcionó siempre a la perfección, pero también tuvo que pagar deudas (con sus cuadros de Gauguin, Renoir o Van Gogh), afrontar quiebras y luchar contra enemigos políticos.

Gonzalo Arroita: Realmente fue un visionario de la comunicación, tanto en la modernización de la prensa escrita como en su adaptación a las tecnologías novedosas que hacían temblar a los empresarios tradicionales, en este caso la comunicación sin hilos y la radio. Nunca vio la innovación como riesgo, sino como oportunidad. Todo lo que oímos hoy hablar de I + D, internacionalización, superación de crisis, responsabilidad social corporativa, formación de equipos, protección social, lo plasmaba ya hace un siglo. Tenemos claro que sería muy útil el estudio de su trayectoria en colegios y universidades, pues permitiría entender mejor muchas definiciones teóricas. Trató de mantener siempre su autonomía profesional y vital, pero fue dependiendo cada vez más en sus proyectos de los políticos, de Alfonso XIII, de Primo de Rivera, incluso de los de su propio ideario republicano-socialista. Entre promesas, incumplimientos, engaños y traiciones, esa dependencia le devoró. 

El hecho de que fuera miembro del Comité Olímpico Internacional y de que ganara regatas internacionales de primer nivel remata su imagen de hombre perfecto y su currículum abrumador. ¿Os aventuraríais a imaginar cómo afrontaría un tiempo tan incierto como el actual?

Gonzalo Arroita: El tiempo que afrontó fue mucho más incierto que el actual, con guerras y pandemias que ocasionaron decenas de millones de muertos, profundas crisis económicas como la de 1929, guerras coloniales, ambiente prebélico en España… Hoy actuaría igual, aunque tal vez su margen de maniobra fuera menor por cómo se han ido regularizando exhaustivamente los diversos sectores de la economía y la política. Los valores que le llevaron al éxito tienen una vigencia intemporal, aunque tal vez ese criterio suyo de que “no puede haber beneficio personal sin progreso general” sea excepcional en el capitalismo global y sin escrúpulos que parece imponerse a grandes pasos. 

 

Gonzalo Arroita y María Peraita, integrantes de la Cátedra Unesco de Paisajes Culturales y Patrimonio de la UPV/EHU, junto a Javier Amezaga, son autores de 'Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta', una publicación trilingüe (euskera, castellano e inglés) publicada por la editorial Surfing Challenge con la colaboración de la Cátedra Unesco de Paisajes Culturales y Patrimonio y del Puerto de Bilbao.